lunes, 16 de marzo de 2009

Concierto para violín opus 47 (1): historia de la obra

En este blog hemos señalado continuamente que las obras más conocidas (las más interpretadas y grabadas) de Jean Sibelius no se corresponden siempre con las mejores, no porque las más populares no sean obras de calidad, sino porque han ensombrecido a las segundas y han llevado a un conocimiento parcial del compositor finés, y a un reconocimiento escaso de su genialidad.

Pero con el Concierto para Violín y Orquesta opus 47 no ocurre eso: es una pieza indiscutiblemente genial, y es a la vez una de sus obras más ejecutadas, con más de un centenar de grabaciones. Es además el concierto para violín más interpretado del siglo XX (aunque en honor a la verdad date de sus primerísimos años), no hay virtuoso que se precie desde Jascha Heifetz que no haya desafiado a sus compases.

El estilo de la obra, absolutamente romántico, ha contribuido a este éxito. Hay que señalar que quizá no sea ésta la línea más habitual de Sibelius, al menos del mejor Sibelius, pero no por ello deja de formar parte de su personalidad musical. Es más, como veremos en seguida, esta obra destila emociones personales del autor, está inmensamente unida a su propia experiencia vital. Sin ser una obra autobiográfica (como no lo es prácticamente ninguna obra del nuestro autor), estamos ante un trabajo enormemente implicado en el sentir del músico finlandés.

La obra se enmarca de hecho dentro del
periodo romántico del autor, donde su música se aproxima al estilo del postromanticismo de los países nórdicos, con trato exquisito de la melodía y un refinado cromatismo, además de una tendencia hacia el diatonismo sin renunciar a la coloración modal. Este concierto corresponde a un ansia de Sibelius hacia la música pura que ya se había manifestado con las dos primeras sinfonías, y a una búsqueda de música que, sin perder su personalidad netamente finesa, pudieran llegar al público más allá del país de los mil lagos.

Con este post iniciamos una serie en la que contemplaremos, como ya hicimos con
Kullervo, los múltiples aspectos de la pieza. En primer lugar hablaremos de la historia de la composición de la obra hasta el estreno de su versión final. Después analizaremos uno por uno los movimientos de la versión final. En el quinto post estableceremos las diferencias entre la versión original (1903-04) y la final (1905). En el sexto contaremos la trayectoria de la pieza tras su estreno final, el casi olvido en el que estuvo sumergida tres décadas y el por qué de su resurrección y fama mundial. Y en post final echaremos un vistazo general a la discografía, recomendando las grabaciones que a nuestro juicio son las más destacadas.

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Jean Sibelius siempre soñó con ser un gran virtuoso de su instrumento, el violín, que amó profundamente. Desde que se inició en él soñó en dedicarse en exclusiva, hasta el punto en que su autoconcepción fue en un primer momento la de virtuoso mucho más que como compositor
aun cuando ya daba muestras de que su genialidad residía en la creación y no en la interpretación. Este sueño fue disminuyendo tras el estreno de Kullervo. Pero permaneció siempre en el ánimo del compositor como una espina clavada.

En marzo de 1915 escribirá en su diario: "soñé que tenía 12 años y era un virtuoso. El cielo de mi niñez está lleno de estrellas... demasiadas estrellas". La composición de la Sonatina para violín y piano opus 80 había despertado esos sueños de su juventud, y quizá años antes esto había ocurrido con su obra maestra dedicada al violín, su concierto.

Jean Sibelius había dejado atrás este sueño en la década de los 1890, y no compondría durante unos cuantos años ninguna obra para violín solista. En su época de estudiante en cambio había escritos docenas de piezas para violín y piano,
alguna de ellas se sitúan entre las composiciones más destacadas de aquellos años. Pero en la década de 1890 su impulso creador se dedica a explorar nuevos medios para su música, con un impulso arrebatador que le hizo centrarse fundamentalmente en la orquesta, sin duda el "instrumento" que verdaderamente llegaría a dominar como un virtuoso indiscutible.

Tras el triunfo que había supuesto el estreno de sus dos primeras sinfonías (1899 y 1902), nuestro músico había concebido numerosos y novedosos proyectos. En verano de 1902, mientras disfrutaba de una estancia junto al mar en la localidad de Tvärminne, escribe a su amigo Axel Carpelan sobre algunas de las canciones que acababa de escribir (del opus 37), y sobre sus futuros proyectos: una balada con texto del Kanteletar para la gran soprano Ida Ekman, un ballet, un libro con piezas para piano, una fantasía orquestal, un cuarteto de cuerda... y un concierto para violín. De todos estos proyectos sólo salieron adelante el cuarteto, aunque muchos años después (el cuarteto "Voces intimae", del que se encuentran esbozos ya en esta época) y el concierto.

Luz de luna en Tvärminne (Yannemann)

Ésta es la referencia más antigua que tenemos de la obra - aunque la idea de un concierto ya le rondaba en 1899 -, llegando a sobrevivir bosquejos de entonces. Parece que pronto se convirtió en más que un simple proyecto. El 18 de septiembre escribe a Aino: "he encontrado algunos temas espléndidos para el concierto para violín".

No obstante la historia del concierto también está unida a la demanda de un virtuoso que esté a la altura de que nuestro autor pretende para la obra. Y necesario comprender cómo su complicada historia tiene mucho que ver con los desencuentros, un tanto inexplicables, con dicho virtuoso.

Puede que fuera su encuentro en Berlín - donde estrenó la versión final de Una saga opus 9 - con el violinista Willy Burmester lo que le animó a plantearse definitivamente la composición. Burmester había sido concertino de la orquesta de Kajanus, y estaba casado con la hermana de uno de los primeros editores de Sibelius, Fazer. En cualquier caso Burmester se interesa pronto por la obra, a la que llega pronosticar, visionariamente, el mismo futuro que el concierto de Chaikovsky.

Sin embargo el compositor trabaja en ella sólo ocasionalmente en esa primera mitad de 1903. Sólo a partir de otoño de ese año Sibelius se dedica en exclusiva al concierto, declarando la intención de que Burmeister fuera el destinatario de dedicatoria y estreno del nuevo trabajo. El estreno se espera para marzo de 1904 en Berlín.

Pero nuestro compositor no parece motivado por Burmeister, sino por sí mismo. En palabras de Aino, la esposa de compositor, sufre una auténtica fiebre creadora: "Janne había estado ardiendo (¡como yo!) y esta vez hubo de nuevo una vez más un 'embarras de richesse' ['obstáculo por abundancia']. Tenía tal cantidad de temas en su cabeza que estaba literalmente mareadísimo. Permanecía levantado toda la noche, tocaba increíblemente y hermosamente, no podía arrancarme de esta encantadoras melodías... tenía tantas ideas que era difícil creer. Y todos los temas eran tan capaces de desarrollo, tan llenos de vida."

Tal abundancia de ideas se manifiesta claramente en la obra, incluso sobreabundancia si hablamos de la versión original. No hay duda que Sibelius está emocionado por la composición. La causa de este especial sentimiento en la pieza debemos buscarla en sus sueños de juventud de los que hablábamos antes: la obra del virtuoso que pudo haber sido, el intérprete-compositor mostrándose tal como era. No nos es difícil imaginarnos con esta obra la estampa del propio Jean Sibelius dando sus conciertos a la naturaleza, ante el mar, subido en una barca, ante el bosque...

En tales condiciones de inspiración Burmeister se las podría prometer muy felices. Pero algo extraño ocurre. El compositor en esos momentos sufre graves problemas económicos. Aunque las ayudas oficiales y los primeros réditos de sus publicaciones internacionales pudieran parecer suficientes, el estilo de vida que lleva en esos momentos en Helsinki y sus largas noches bajo las burbujas del champán y acompañamiento de otros licores, desquilibran completamente sus cuentas. Para solucionarlo, a principios de febrero organiza una serie conciertos en los que dirigirá sus propias obras a la Orquesta de Helsinki. El día 8 se presenta el primero, y en el se estrenarán "Har du mod?" opus 31 nº2, la Casazione opus 6... y el Concierto para Violín - también sonará la cantata "Tulen synty" opus 32, estrenada dos años antes -.

El solista de este día, como de los siguientes en que se repite el programa (el 10 y el 14) será un profesor de la Academia de Helsinki, Viktor Novaček, un músico sensible pero muy lejos de la calidad interpretativa que demanda el concierto (mayor en su versión original). Las críticas hacia el trabajo son negativas, pero hemos de ver en esto la deficiente labor del intérprete más que la obra en sí.

Muy severo se muestra Karl Flodin, cuya opinión, en general favorable pero siempre objetiva, el compositor tenía muy en cuenta. "Su interpretación nos ofreció una masa de elementos sin ninguna alegría. De cuando en cuando hubo sonidos terribles y fue imposible desentrañar la intención del autor, tan grande fue la cacofonía". La misma obra era para el crítico "un error" y "para ser honesto, aburrida, algo que no podría haber dicho hasta ahora de una composición de Jean Sibelius".

A las críticas se une el hecho de la (¿pequeña?) traición de no haber esperado al violín de Burmeister. El virtuoso sigue pensando en la obra: "mis 25 años de experiencia, mi arte e inspiración deben ser puestos al servicio de tu obra. Sólo esto hará mucho en nombre de tu obra. [...] Tocaré el concierto en Helsinki de tal manera que la ciudad estará a tus pies". No obstante la obra se repitió en conciertos de marzo y abril sin Burmeister.

El virtuoso sugiere que tales conciertos deberían tener lugar en octubre, pero el compositor realiza un nuevo giro de tuerca cuando decide finalmente que la composición debe de ser revisada. En junio escribe a Carpelan: "retiraré mi Concierto para Violín, no aparecerá de nuevo durante dos años. Esa es mi gran pena secreta en el presente". Desde luego el propio compositor apreció fallos en la obra, aunque el por qué exacto de la revisión responde a una combinación de causas, que ya discutiremos en el post dedicado a la versión original de la obra.

No obstante tiene otros trabajos en mente, como la música escénica para "Kuolema", y no será hasta junio de 1905 cuando acomete la tarea. Y de nuevo Burmeister queda fuera de la obra: el editor Robert Lienau ha logrado introducir la obra en los conciertos que el gran Richard Strauss, que aprecia mucho la obra de nuestro músico, dirigirá en la Singakademie Berlín preparando, según testimonio de Sibelius, muy concienzudamente la orquesta.

La revisión - consistente, como en otras ocasiones, en una labor de reducción de lo superfluo, simplificación y purificación - estará lista para su estreno el 19 de octubre. Pero Burmeister no será el solista, sino el concertino de Filarmónica de Berlín, Karel Haliř. La paciencia de Burmeister se agota, y jamás interpretará la obra de Sibelius. El compositor dedicará la obra al violinista húngaro Ferenc von Vecsey, alumno de Joachim.

La nueva partitura presentaba menos dificultades para el solista, pero esto no significaba una demanda técnica menor, sino una mayor coherencia, una ejecución menos virtuosa en lo técnico pero mayor incluso en lo expresivo.

¿Y por qué la polémica con el gran virtuoso? Lo cierto es que no hay una respuesta clara, pero quizá la autoimplicación de Sibelius en la obra le impedía ver la obra como destinada a alguien ajeno. Sin duda el espíritu del virtuoso que nunca llegó a ser respira a lo largo de cada uno de sus compases. Y ahí reside uno de los secretos de su emotividad, que conecta con el oyente fácilmente.

Pero al principio no fue así, la maravillosa obra fue casi ignorada hasta los años treinta. Pero ya contaremos esa historia más adelante.

Capítulo 2: I. Allegro moderato
Capítulo 3: II. Adagio di molto
Capítulo 4: III. Allegro, ma non tanto
Capítulo 5: La versión original
Capítulo 6: historia posterior a su estreno de 1905
Capítulo 7: discografía (versiones recomendadas)

5 comentarios:

marco dijo...

Que maravilloso post, muy bueno, te felicito. Y voy a seguir leyendo los demás.

Anónimo dijo...

Magnífico blog, y estupendo post. No desfallezcáis. Los amantes de Sibelius necesitamos este blog.

David Revilla Velasco dijo...

Muchas gracias por leer el blog, seguid ahí. Estáis invitados a participar cuando queráis.

Anónimo dijo...

Maravilloso trabajo. ¿Podrías recomendarnos una bibliografía acerca de todo este tema? Estaría muy interesada. Muchas gracias

David Revilla Velasco dijo...

En el propio blog comento la principal bibliografía que existe sobre el autor, que es la que utilizo en el blog.

http://sibeliusencastellano.blogspot.com/2010/01/bibliografia-basica-del-blog.html

Muchas gracias por tu interés.